"Yo no quiero ser emperador. Ese no es mi oficio, sino ayudar a todos si fuera posible. Blancos o negros. Judíos o gentiles. Tenemos que ayudarnos los unos a los otros; los seres humanos somos así. Queremos hacer felices a los demás, no hacernos desgraciados. No queremos odiar ni ayudar a nadie. En este mundo hay sitio para todos y la buena tierra es rica y puede alimentar a todos los seres."

viernes, 5 de noviembre de 2010

Ladrón de Bicicletas

LADRÓN DE BICICLETAS


Cansado, exhausto, molido y jadeando el hombre corre apresuradamente voltea la calle y pregunta, no obtiene respuesta, mientras avanza escucha una voz que le dice:- Con el sudor de tu frente comerás el pan- no hace caso y sigue avanzando cada vez más preocupado e inquieto, escucha de nuevo -Espinos y cardos te producirá- aturdido y azorado a punto de estallar en lágrimas, como un eco retumbante escucha - Por que polvo eres- el hombre ya no puede soportar más, se detiene, su corazón cada vez late más rápido y la voz vuelve a decir- Y al polvo serás tornado-.

El siguiente ensayo esta basado en el argumento de una brillante obra cinematográfica titulada LADRÓN DE BICICLETAS emblemática por ser fiel representante del neorrealismo italiano este film data del lejano 1948. Probablemente no muchos hallan escuchado hablar de esta película pero el mensaje que encierra a sabido pervivir a largo de muchas generaciones.

Desde los albores de la humanidad el hombre ha tratado de alargar la fuerza de su brazo con el uso de algunas herramientas, en un principio sólo fue un fragmento de piedra, que debido a su incorruptibilidad ha llegado hasta nosotros como la primer elemento del que tenemos noticia, más tarde con los avances de la tecnología las herramientas evolucionaron a niveles sorprendentes tanto que, hoy contamos con los famosos microcomputadores sin los cuales sería inconcebible definir un mundo moderno.

Cada herramienta fue trascendental en su momento, cada una fue en su momento determinante para un adecuado progreso de la sociedad, sino recordemos algunos ejemplos que hubiera hecho el gran Gengis Kan si hubiera adolecido de los temidos arcos y flechas mongoles para realizar sus grandes conquistas; que hubiera hecho Colón sin una brújula que lo conduzca a buen puerto; que hubiera hecho Galileo sin un telescopio o Da Vinci sin un simple pincel, la respuesta es obvia. Nada.

Es el mismo caso para el hombre común pero, no por eso menos ingenioso. Éste adecua o adapta cualquier objeto a su necesidad más apremiante. Es así como vemos a personas que hacen de un trozo de metal una herramienta para la agricultura o de un pedazo de cartón objeto para el expendio de golosinas y cigarros.

En fin todo es válido si de lo que se trata es sólo de sobrevivir y enfrentar aquel monstruo llamado destino que a veces es muy incomprensible.

El hombre de nuestra historia ajusto- Óiganlo bien- una bicicleta como herramienta de trabajo, una máquina compuesta de varios mecanismos que concatenados actúan como un gran vehículo de transporte. Muy conveniente por que no necesita ningún tipo de combustible para poder funcionar salvo un poco de grasa para que los engranajes lubriquen de manera adecuada.

Es paradójico, se supone que la abundancia y la prosperidad reinaban en todos los hogares, al menos eso era lo que decían las autoridades políticas con bombos y platillos al fiel estilo del carnaval de Rio. Lo cierto es que, para nuestro amigo las cosas no iban nada bien, había buscado empleo, había probado de todo, hasta que consiguió alguito, el empleo consistía simplemente en colocar los anuncios o carteles de publicidad comercial en las principales avenidas de la ciudad era un buen empleo teniendo en cuenta que se acercaban los procesos electorales (la chamba estaba asegurada) ¿Alguien tenía que empapelar toda la ciudad, no?

Hasta que llego el día fatal, justo cuando estaba colocando un anuncio para el próximo encuentro de fútbol que seguro haría concurrir a las grandes masas fue cuando, alguien lo despojo de aquella herramienta del cual dependía el sustento diario familiar, fue violentado, ultrajado, pisoteado por aquel truhan que aprovecho el momento, el menor descuido para tomar su bicicleta y largarse al fin del mundo.

En realidad no importaba a donde se iría en ese momento lo que importaba era recuperar la bicicleta como diera lugar. Corrió como alma que lleva el diablo o era que el diablo se había llevado la bicicleta, no importaba, en ese momento el hombre estuvo apunto de romper el récord mundial de atletismo sabía que no había premio para el segundo lugar. Es más sintió tocar la llanta trasera de la bicicleta pero no pudo, ese día se concreto la derrota.

El hombre ya cansado se detuvo, quieto y petrificado no atino a mostrar la más leve muestra de existencia lo había perdido todo, esa bicicleta era parte de él una herramienta que alargaba su fuerza sin ella no habría empleo, no habría sueldo, no habría sustento, no habría pan. La vida terminaba.

Por fin, pudo recomponerse no le quedaba otra decidió regresar caminando a casa le parecía extraño hace mucho que no lo hacía pensaba en que decirle a su esposa que decirle a su pequeño hijo al que había prometido enseñarle a montar bicicleta por la tarde después de la escuela.

Ya lo veía, su mujer le reprocharía su falta de cuidado- “Seguramente la perdiste por estar fijándote en algunas faldas” - lo habría apostado, lo cierto es que más le preocupaba era como enfrentar al casero que como un reloj inglés acudía puntualmente a cobrar las rentas, “maldito panzón, pensaba”. Seguramente no podría esquivarlo como lo hace un personaje famoso de la televisión. La realidad es distinta cuando no se escribe con guiones.

Sin embargo, esta comprobado que el hombre aún en su hora más difícil es capaz de atisbar hasta el último halo de esperanza en las situaciones superlativamente desastrosas. Si no veamos algunos casos que se han dado en la historia; Hernán Cortez, conto a sus nietos que conoció la muerte y además sabia que vivía en México; Napoleón Bonaparte quemó sus últimos aires de grandeza desde Waterloo y cuando todos creían que el Perú no saldría de esa superinflación de la década de los 80, lo logramos hasta reelegimos al causante y principal protagonista como el individuo o ente que personifica a la nación, ejemplo patético claro está.

Nuestro amigo en el momento más oscuro de su existencia vio la luz y fue la luz y esta luz le decía: - “No pierdas la fe”- y eso era, la bicicleta representaba todo. Entonces era preciso encontrarla no importando los medios a utilizarse el fin era hallarla.

En esa situación el hombre pudo dormir toda la noche. Al día siguiente, acompañado de su hijo iría en búsqueda de la bicicleta, buscarían en todos los mercadillos de la zona donde acudían los ladrones a rematar sus conquistas, seguramente la encontrarían, y tan pronto estaría de nuevo por las calles y con suerte pegando sus anuncios pero eso si, esta vez llevaría una cadena para asegurar el vehículo no importa si la cadena pesara 50 libras, ¿Porqué no pensaste en eso antes amigo?

El hombre acompañado de su hijo recorrieron las calles de toda la ciudad caminaban despacio no les importaba el calor, ni el smog que tendrían que respirar, varias veces como un espejismo desafortunado creyeron ver su bicicleta, esa de color marrón con numero de serie S-666, (Desde ya este número no ofrecía demasiadas expectativas) volteando la calle y ellos corriendo detrás mientras esa bicicleta aumentaba de velocidad temiendo un robo.

Caminaron todo el día. El hombre cansado se detuvo, se quito el sombrero, se limpio la sudorosa frente, miró a su hijo le pregunto: - Tienes hambre- claro que tenía hambre de hecho hace más de dos horas que esta le hacía estragos en el tracto digestivo. Sin embargo, temeroso y avergonzado no dijo nada seguramente en ese momento pensó que sentía aquel paladín de los afligidos universalmente conocido como el Lazarillo de Tormes.

El padre se dio cuenta del sufrimiento por el cual estaba pasando su hijo. Él no tenia por que sufrir esta odisea, ¿Acaso no podía ser un niño normal? En esa precisa hora tenia que estar en la escuela a la que tuvo que faltarse para poder ayudar a su padre a encontrar la ya famosa bicicleta.

El padre reviso sus bolsillos afortunadamente tenía algo de dinero y le dijo a su hijo:- ¡Eh, la vida se acaba y hay que saberla aprovechar! Así que hoy nos daremos un banquete con música y buena comida- es sorprendente ver como el padre trataba de animar a su desventurado socio en aquella empresa que desde ya no iba a rendir frutos. Así que resueltos a creer en un sueño utópico donde todo era felicidad un mundo donde no existieran ya ladrones y todas las familias tendrían una bicicleta en casa y no habría la necesidad de robarlas llamaron al mozo y sin pedir nada éste les ofreció el menú más barato del día, el padre al ver esta desidia no tuvo mas remedio que callarse al ver el coste de los alimentos y así volver a la realidad a la cruda realidad donde no tenían bicicleta y mañana se quedaría sin trabajo.

Con las fuerzas renovadas y con algo de alimento en el estómago reanudaron la búsqueda revisaron cuanta bicicleta hallaron en el camino, no encontraron nada, visitaron los mercadillos conocidos y por conocer y entendió que había millones de bicicletas en el mundo y sólo era él, el desafortunado el único maldecido con la marca de la bestia.

Estaba desesperado no sabía que hacer a quién acudir, a quién pedir auxilio alguien le aconsejó que diera parte a las autoridades, ir en búsqueda de la policía, no había más remedio.

-Buenos días jefecito.

-Si dígame.

-Quisiera sentar una denuncia por la desaparición de…

-Hace cuando salió de su casa sepa usted que tienen que pasar las 48 horas de rigor…

-La verdad es que… Interrumpió el hombre.

-Dígame es algún familiar de usted, preguntó el oficial.

-No.

-Algún vecino quizás, interrogó el policía.

-En realidad es mi bicicleta.

-¿Qué acaso escuche bien? Dijo bicicleta.

-Si es una marrón me la robaron ayer su numero de serie es…

-Espere un momento, le increpo el policía.

-Búsquela usted mismo, rogó el hombre con la voz ahogada.

-Y acaso piensa que dejare mis asuntos por buscar una bicicleta fuera de mi vista. Sentenció el oficial.

Al borde de las lágrimas, el padre imploró un:- ¡Por favor!

El padre cogió las mangas del saco más decente que tenia, seco sus mejillas su hijo esperaba afuera.

-¿Papi, que te dijo la policía? Preguntó el niño.

Me dijo que harán todo lo posible por encontrarla y también regresaré mañana.

-Si., yo también regresaré, afirmó el niño.

-No. tu ya no puedes perder más labores en tu escuela, vendré solo.

-Será mejor que volvamos a casa. Luego de cruzar algunas cuadras pasaron por el estadio de futbol todos los fanáticos acudieron esa hermosa tarde de sol luego de leer los carteles de publicidad. En el estacionamiento estaban acumuladas las bicicletas de todos los colores y tamaños y todos los fanáticos porfiaban por ocupar una de las butacas.

En ese momento, inesperadamente, de manera fugaz una idea atravesó su pensamiento no sé como llego hasta allí lo cierto es que surgió como las chispas del bing bang y con ello el origen del universo. Es cierto, una sola idea, después de todo, muchas ideas sirvieron para concretar los más nobles propósitos sino veamos; No fue una idea la que promovió la aparición de la imprenta, no fue una idea por la cuál Apple coloco un computador en cada hogar en el mundo no fue una idea la que impulso a crear los teléfonos celulares sin los cuales la comunicación seria imposible.

La idea era ésta en el momento menos esperado, al menor descuido, tomaría una bicicleta cualquiera de las que allí habían, no era momento para preocuparse en el color o en el diseño, la cuestión era tomarla y con ello los problemas habrían desaparecido para siempre, no obstante, había un problema tendría que trabajar él solo es decir sin cómplices así que tenia que deshacerse de su hijo no quería que vea como su padre “se ganaba la vida” el otro inconveniente era que nunca había robado nada en su vida y menos en la vía pública tendría que actuar rápido sin pensar en nada. La primera etapa era el susto luego la carrera y por fin la victoria ¿Quién dijo que en la vida no había revanchas? hoy día, sin duda, con ayuda de la bicicleta rompería el récord mundial y con ella, la victoria negada un día antes por no tener con que competir, seguramente lo lograría.

-Hijo es preciso que vuelvas a casa.- Yo llegaré más tarde seguiré buscando la bicicleta.

- Papá yo quiero ayudarte, no quiero irme.

Es sorprendente ver que rápido crecen los niños.

-No de ninguna manera. Vuelve toma la combi y vuelve a nuestra casa de cinco esteras.

El hijo asintió y se fue. Ya solo el hombre urdió el plan esperaría un momento más (mientras escribo estas líneas).

El hombre ya había cogido la bicicleta, la monto y empezó a pedalear hasta convertirse en diablo puso toda la vida en ello avanzó lo más que pudo, sintió volar, sin embargo, no contó con un pequeño detalle la existencia de las llamadas barras bravas que no iban a perdonar la afrenta contra uno de sus camaradas, lo atraparon lo rodearon o primero lo rodearon no importa lo concreto era que lo iban a matar, eso ya era poco lo iban a desaparecer de la faz de la tierra.

El dueño del vehículo robado no pertenecía a la banda, de hecho no le gustaba el futbol, cosa rara en estos días. Casi por arte de magia también apareció nuestro amigo el policía fiel vigilante del orden y por esas cosas del destino era el mismo policía que unas horas antes afirmó que no tenía tiempo para preocuparse por la suerte de una bicicleta perdida. Así es la vida de cruel.

El hombre atrapado por la turba no podía expresar palabra alguna había fracasado y para colmo de males su hijo había visto todo y llorando gritó:

-¡Papá!

Al parecer ese grito conmovió al dueño del vehículo quien decidió no presentar cargo alguno contra el pobre hombre que una vez liberado de la muchedumbre enardecida tomo la mano de su pequeño hijo y percibió de nuevo esa voz que le decía:

-¡Por que polvo eres…!



domingo, 11 de julio de 2010

martes, 13 de abril de 2010

EL DESAFÍO DE LAS DIFERENCIAS

REFLEXIONES SOBRE EL ESTADO MODERNO EN EL PERÚ

El texto en cuestión es un análisis global de la historia del Perú acerca de cómo se desarrolla el concepto de estado moderno en nuestro país y de manera muy ordenada primero nos muestra un concepto de “estado” y luego un concepto de “estado moderno” aunque nuestra educación memorística nos da uno y que lo repetimos casi de memoria “el estado es la nación jurídica y políticamente organizada” claro que esta definición no nos ayuda a entender completamente como que quiere decir “nación” hablamos de una sola nación que quiere decir que esta organizada, entonces si hay organización existirá respeto entre los componentes son muchas preguntas que no tienen una respuesta clara.

¿QUÉ ES EL ESTADO MODERNO?

Es un tipo de estado que se diferencia del estado nación o comunidad política antigua mantiene los mismo intereses de esta los cuales son la igualdad, la justicia y la paz con la diferencia que el individuo ahora tendrá un papel preponderante en el desarrollo de la sociedad.
Para mi el estado moderno es simplemente es el conjunto de personas que están organizadas bajo un marco de estado de derecho donde existe el respeto irrestricto de los derechos fundamentales de las personas, donde se practican valores modernos como la democracia, igualdad y la justicia, un lugar donde se reconoce al ser humano su individualidad y su particular característica de ser único, singular e irrepetible.
Un lugar donde el ser humano pueda desarrollar todas sus potencialidades, que sea conocido como una unidad en cuerpo y en conciencia y no como una grey o rebaño.
Un lugar donde el individuo pueda elegir su destino con toda libertad, que sea digno. Que tenga la capacidad de decidir sobre su propio cuerpo y no sea sometido jamás por ningún ente extraño.
Un estado que se jacte de moderno y democrático debe diferenciar cuales son las necesidades de los individuos que lo conforma y cual su rol fundamental para con los ciudadanos.
El estado moderno deberá en adelante preocuparse de proveer al individuo un sistema educativo adecuado, un buen aparato de justicia y sobre todo lo más importante de salud.
Un estado moderno es ético cuando se preocupa de la salud, tanto física como espiritual de los ciudadanos que lo conforman, es necesario que el termino” ciudadanos” va claramente opuesto a “súbditos” que fue lo ideología pre- moderna implantaba.

LOS ORÍGENES DE LA MODERNIDAD

En el texto EL DESAFIO DE LAS DIFERENCIAS, el estado moderno surge a partir de postrimerías de la edad media y no reconoce solo una sola fuente de origen de donde proviene el concepto de modernidad esta surge en Europa, pero también reconoce otras como la japonesa que tuvo un proceso de modernidad después de la 2ª post guerra.
No obstante el desarrollo de la modernidad, implicaba romper numerosos paradigmas que ataban a las personas para poder desarrollarse como individuos, por ejemplo:
Cuando Galileo planteó la teoría que señala la tierra no era el centro, si no que era uno de los tantos planetas que giraban alrededor del sol supuso un quiebre total del pensamiento colectivo, imagínense toda una vida creyendo que eras el centro del universo para luego convertirte en una gran “nada”.
Cuando creíamos que el perdón de nuestros pecados era cuestión de una simple cuota de cinco soles al curita, surge el pensamiento luterano donde uno mismo y sin intermediarios podría conversar con papá Dios (algo que era gratis).
Imagínense la cara del”príncipe” de Maquiavelo cuando le comunicaron que Colón estaba en Portugal de regreso de un continente desconocido por la cartografía europea y mundial… cuando Dios hizo el edén pensó en América.
Para entender el desarrollo de la modernidad en otro escenario que no sea en Europa hablaremos del caso del Japón que alcanzo la modernidad después de Europa para eso me permito recomendar un precioso cuento llamado “Shiki Nagaoka” una nariz de ficción. Para entender el proceso de modernidad en este país no occidental o sea oriental (el cuento lo contaré en clases).
Ahora bien, en el estado moderno surge la necesidad del individuo de hacer política, esto es tener la capacidad de decisión para modificar las conductas de toda una comunidad de acuerdo a sus intereses para lo cual se desarrollaran los conceptos de libertad y derecho a la propiedad.
El concepto de libertad será entendido en la modernidad cuando el individuo tenga la conciencia de saber que es lo que necesita, esto reconocer cuales son sus verdaderos intereses.
Respecto, a la propiedad privada muchos afirmarán que esta degenera en la desigualdad de la sociedad, lo que en el futuro provocará nuevos conflictos sociales.
Efectivamente con el crecimiento de la población y el proceso de revolución aunado a la política imperialista de las naciones del orbe hará surgir la necesidad de buscar nuevos mercados y colonias proveedora de materias primas.
Las naciones dirán “esto es mío” y las otras responderán “por qué” el resultado serán guerras de índole mundial.

EL ESTADO MODERNO EN EL PERÚ

Cuando la sociedad criolla del virreinato se independizó políticamente de España, mantuvieron, a pesar de la Independencia, su concepción del mundo y su forma de vida. (Los negros y los indios también participaron de la gesta pero no la sintieron o no obtuvieron algún beneficio).
El cambio con la Independencia fue esencialmente formal en países como Perú, uno de los dos centros de poder más importantes de América Latina en la Colonia. Desde la Independencia adoptamos un estado formalmente republicano, formalmente democrático y representativo, proveniente de sociedades con sistemas políticos modernos como Inglaterra o Francia. Este sistema político no fue en Inglaterra, Francia o Estados Unidos un producto de importación, sino la consecuencia de su propia historia, de su propio desarrollo, de sus propias vicisitudes, de su propia identidad cultural en un tiempo y espacio determinados y determinables.
En el Perú el escenario es el siguiente con la aparición de la república se produjo la separación de poderes se daba inicio a la formación del estado moderno, lamentablemente la sociedad criolla era una clase social que carecía de una ideología y fuerza política organizada.
Además la mala distribución de poderes y la corrupción que se generaba era un problema que la población no podía vencer, antes bien no se consideraba y no se considera aún delictuoso asaltar la Hacienda Pública y también que no existe un funcionario probo ya que él que lo era un imbécil, esto es resultado de la llamada “herencia colonial”.
A medida que avanza el desarrollo de la república los modelos legales y económicos todavía se mantienen, un país que se jactaba de moderno mantenía aún vivas las instituciones coloniales en sus acciones y en sus corazones, por un lado el modernismo avanzaba por el otro el atropello contra la libertad y democracia.
Un estado moderno es aquella institución donde efectivamente se practica la democracia, la igualdad, el respeto por los derechos humanos y la libertad. Vemos que el indígena que supuestamente es un individuo y como tal pertenece a este estado moderno es sometido incluso desde los albores de las grandes culturas previas a los incas, reafirmada en la colonia y presenta ahora en la república
Un país no puede ser modernista y tradicionalista a la vez, ya que se constituiría en un híbrido sin unidad, una chanfaina donde unos predican la democracia y otros la pisotean.
Los indígenas seguían viviendo en un estado servil con prestaciones de trabajo gratuitas a favor de la república aristocrática que usaba como instrumento de dominación “el poder desnudo” que se expresa mediante la violencia y la coacción.
Entonces no se puede hablar de respeto al indígena en ninguna forma y el problema es que no nos hemos sentido todavía, como pueblo, como colectividad, no existe el espíritu republicano.
“República”, es un concepto propio de la modernidad occidental. Porque República —que significa cosa de todos— sólo se puede entender en contraste con el régimen anterior, el régimen pre-republicano o monárquico-virreinal. Hay una notoria ausencia de capacidad crítica y autocrítica propias de las sociedades premodernas. Estas capacidades constituyen, sin embargo, los rasgos más profundamente modernos de los pueblos desarrollados.
Para concluir con esta parte de mi ensayo traeré a colación las palabras de Manuel González Prada no la recuerdo muy bien, haré lo mejor que pueda “no forma el verdadero Perú las agrupaciones de criollos y extranjeros que viven en la faja de tierra ubicada entre el pacífico y los andes; la nación esta formada por los millares de indios que habitan en la cordillera”
Esta frase debe ser analizada más a fondo por un lado el autor reconoce la identidad del indio o indígena con el espacio andino y por otra parte el concepto de nación ¿con quienes se va a construir la nación? Para responder esta pregunta es necesario primero reconocer al indígena como individuo y sujeto de la nación.

LOS DESFILES ESCOLARES: CONSTRUCCIÓN DE CIUDADANÍA

Cuando éramos estudiante quien de nosotros no ha participado en un desfile escolar, cuando al profesora no decía: “marchen, levanten las piernas lo más alto posible, son ciudadanos o no” en realidad yo lo creía hasta que estudiando historia me di cuenta que lo que hacíamos allí era simplemente quemarnos en el sol, y encima perder clases, algo positivo debía rescatarse de esas actividades.
La ciudadanía o sociedad de ciudadanos es aquel espacio donde se reconoce las decisiones libres donde todos son reconocidos como iguales.
A partir de la premisa anterior entonces diremos que en una sociedad moderna, los desfiles escolares como que no tiene razón de ser, salvo que los alumnos una vez consultados decidan libremente si quieren o no participar entonces allí si que existirá el concepto de ciudadanía.
No queremos afirmar que los desfiles sean cambiados por otras actividades igual de molestas solo podríamos decir que estas actividades generan desigualdad y conflicto social ahora diré porqué acaso cuando hay desfiles no se lucha por un gallardete que no sirve más que para alimentar rivalidades entre alumnos de diferentes colegios.
Y acaso cuando existen colegios que pierden, los chicos no se sienten mal y hasta reniegan de la sociedad dejando sus graffittis por toda la ciudad algo con lo cual se sienten identificados.
Esta sociedad exclusiva y generadora de desigualdad parte desde la educación que se imparte en las escuelas, mejor no hablamos de los cuarteles.
Ahora me doy cuenta las largas horas perdidas que ensayaba pasos militares, el esfuerzo físico que demandaban las prácticas todo para desfilar en frente de un estrado donde las autoridades estaban cómodamente sentados bajo sombra y que me dieron por todo mi esfuerzo unos aplausos, que decadente, son espectáculos que nunca más repetiré en mi vida todo para homenajear a militares que ya no están vivos.

Pero este homenaje es prácticamente a todos los escolares de todo el país, en todos los rincones del país habrá un desfile.

Deberían celebrarse esencialmente aquellas actividades que resalten dos palabras: libertad e independencia. Y eso implica el principio que sirve de asiento a todos los Derechos Humanos, es decir, la dignidad. Y no hay otra dignidad que la humana.

DIGNIDAD

La palabra dignidad implica igualdad ante la ley, las personas ya son iguales por el hecho de ser personas, la igualdad tiene como objetivo reconocer la dignidad humana sobre cualquier otra cosa.
“Ese hombre llega a considerarse digno, es decir, “merecedor de” darse sus propias normas y principios, al regular su vida social e individual independientemente de las normas religiosas o morales —o de otros ordenamientos tradicionales— a partir del Derecho. Porque el hombre es consciente y libre, virtual o realmente, merece señalar sus propias metas, sus propios fines, independientemente del poder.”
A lo lardo del DESAFIO DE LAS DIFERENCIAS nos dimos cuenta que nuestro país no tuvo el mismo desarrollo que tuvo Europa es decir no ha tenido ni Ilustración, ni Reforma, ni Renacimiento, ni Empirismo, ni Racionalismo, ni proceso de individuación ; en suma, lo que hizo la Europa moderna.
Lo que falta hacer con la dignidad, la libertad y la igualdad ante la ley, es luchar porque dejen de ser valores sólo formales. Y de ahí que una campaña de sustitución de los desfiles escolares puede ser muy significativa. Hay que sembrar en la niñez y la juventud los valores democráticos y republicanos, los valores modernos para formar un estado moderno.

 
CONCLUSIONES

Al empezar el estudio se señalo que el Perú existía un divorcio entre el estado y al democracia se señalo que el estado peruano era moderno pero no era democrático, la preguntas en cuestión sería ¿se puede no ser democrático y moderno a la vez? Siendo que una de las características fundamentales de todo estado moderno es precisamente ese, el de practicar la democracia como característica sine quan non para el desarrollo.
Creo que no existe tal divorcio, como puede haber divorcio si nunca estuvieron juntos ni siquiera cuando en el país se atisbaba un cierto crecimiento económico producto del ingreso elevado de divisas o cuando las personas de bajos recursos podían acceder a créditos y préstamos o cuando todos tenían la posibilidad de tener un celular.
El estado moderno surge del pensamiento europeo así lo señala un gran peruano, José Carlos Mariátegui, uno de cuyos libros se llama “Peruanicemos el Perú” dijo sin embargo, que “no hay salvación para Hispanoamérica sin la ciencia y el pensamiento europeos” Y dijo también: “He hecho en Europa mi mejor aprendizaje” . Eso no lo hizo menos sino más peruano, en el mejor sentido: peruano universal como tantos seres y cosas que el amó.
“La modernización empieza por el espíritu. El espíritu moderno es crítico y autocrítico y eso explica sus éxitos, sin negar sus fracasos. Quien analiza a fondo sus errores va camino al éxito. Nuestro espíritu hispanoamericano no es precisamente moderno y eso no significa ninguna ventaja. ¿Acaso hay otra alternativa que la renovación del ethos tradicionalista y premoderno de la mayoría? ¿Y cómo podríamos modernizar el Estado, la educación, la economía, etc, sin modernizar primero al modernizador?”

HOLA

martes, 26 de enero de 2010

LA INTELIGENCIA DE UN CUY

Jaime Bayly

No debí cambiar de vuelo, debí tomar el vuelo de la noche. Una impaciencia torpe, atropellada, me precipitó a tomar el vuelo de la mañana.

El vuelo de la mañana es una experiencia devastadora porque sale tan temprano que no duermes en el hotel y tampoco consigues dormir apropiadamente en el avión y cuando llegas a Lima al mediodía te enredas en el tráfico espeso y fragoroso de la ciudad y cuando por fin llegas a tu casa eres una ruina andante que a duras penas puede arrastrarse y balbucear unas pocas palabras envenenadas por el mal aliento, la fatiga y el desánimo, unas palabras lastradas por el hastío de tantos y tantos viajes para llegar no se sabe bien adónde.
Lo cierto es que cuando entro a mi casa estoy tan exhausto y malhumorado y espantado de la miserable rutina de seguir viviendo y viajando que procuro no hablar con nadie y encerrarme en mi cuarto y tomar un cóctel de somníferos y dormir todo lo que pueda para salir del pozo séptico en el que me hunden los viajes por la mañana.
Por eso fue particularmente humillante llegar a casa, abrir la puerta y descubrir que alguien había dejado cerrada con llave la puerta de mi cuarto y yo no tenía la llave y por tanto no podía entrar a mi habitación y echarme en mi cama, como lo tenía bien merecido.
¿Quién había echado llave a mi cuarto y quién tenía la llave? Este era un misterio insondable para mí. En las condiciones estragadas en que me hallaba, razonar pacientemente era una quimera, un empeño inhumano. Mis hijas estaban de viaje, una en Ginebra en un internado aprendiendo francés y sobre todo aprendiendo a esquiar (o perfeccionado sus dotes de esquiadora intrépida) y la otra en New Canaan, Connecticut, visitando a una amiga y desplazándose todas las mañanas a Manhattan para trabajar como practicante con una decoradora de los departamentos del viejo Hotel Plaza. La madre de mis hijas (que suele tener todas las llaves de la casa y las de mi vida en general) estaba también de viaje, haciendo nada en Nueva York, que sin duda es lo más placentero de estar en Nueva York en enero: hacer nada y ver caer la nieve y caminar unas pocas calles sintiendo el azote del viento helado en las mejillas, las orejas y los labios. ¿Se había llevado ella la llave de mi cuarto, dejándolo cerrado e impidiéndome la entrada? No cabía en mi taladrada cabeza tal hipótesis insana. No podía ser tan despistada. Alguien en Lima tenía que estar en posesión de las llaves que me conducirían a mi cuarto, es decir a mi cama, es decir a mis cuatro o seis horas de sueño inducido, es decir a recuperar mi condición humana antes de volverme un sicópata y matar a alguien.
Quise llamar por el celular a la empleada y al chofer, quienes se encontraban de vacaciones aprovechando el viaje de mi señora (que no sea ya mi esposa no impide que siga siendo mi señora, si me dejo entender) y mis hijas, pero tenía la batería descargada y no podía hacer llamadas. No me quedó más remedio que sentarme en la sala, enchufar el celular, tirarme en el sofá escuchando las cornetas de los heladeros y el canto de los gorriones, y esperar. (El teléfono fijo de la casa estaba en mi habitación y no podía acceder a él).
Fue un momento de feroz ensañamiento con todos los sospechosos del contrariado trance en que de pronto me hallaba, sospechosos que sólo podían ser tres: el chofer y custodio, celoso guardián de mi integridad física y entusiasta partidario de mi candidatura presidencial; la rolliza empleada que seguramente se encontraba bailando en una pollada de sábado a mediodía o chupando las patas fritas de un cuy recién apaleado; y mi señora, quien tal vez en un descuido había echado llave a mi cuarto y había viajado muy oronda a Nueva York con la bendita llave en su cartera.
Como a mí las llaves se me pierden o se me caen en el camino o me las roban o se me desaparecen sin explicación alguna, nunca tengo llaves conmigo y dondequiera que vaya me espera alguien con las puertas abiertas y un jugo de naranja con papaya para mitigar el mal aliento del viaje mañanero. Poseo algunas propiedades por aquí y por allá, pero no poseo las llaves de esas propiedades, quien las posee y las cuida es la digna señora paseandera que me dio dos hijas y tiene una colección de llaves que de solo verla me provoca estupor y un calambre holgazán.
Una vez que cargué la batería del celular, llamé al chofer y custodio, entrenado en el uso de armas de fuego para matar a mis enemigos. El joven negó con vehemencia que hubiera echado llave a mi cuarto y que tuviera la llave consigo. Le pedí el celular de la señorita empleada cuyo paradero ignoraba: podía estar en Lima, en provincias o en un lugar aún peor. Tomé nota de su número y la llamé. Me contestó con voz risueña, es decir con su voz habitual. Una de las virtudes de la señorita empleada es que nunca nada consigue crispar sus nervios y ponerla de malhumor. Es una señorita consistentemente feliz a pesar de que es una señorita que se gana la vida como empleada del hogar (si podemos llamar hogar al caos libertino y decadente que es mi casa, donde cada uno hace lo que le viene en gana y no hay reglas morales y si alguna dictadura impera es la del capricho de las mujeres de las que soy súbdito y esclavo). La feliz empleada me dijo que ella era la culpable del tormento en que me encontraba. Ella había echado llave a mi cuarto por temor a que alguien se metiera a robar mi computadora. Ella tenía la llave. Ella estaba de vacaciones en casa de su hermana, en uno de los conos de Lima, es decir en un barrio marginal que yo no había pisado ni pisaría nunca. Le rogué que viniera en mi auxilio con la llave. Solícita y cordial, me dijo que tomaría un Tico (lo que no era un cereal crocante, sino un taxi diminuto y amarillento y tal vez con manchas de sangre de una cantante folclórica) y vendría con la llave a rescatarme de la demencia rabiosa que martillaba mi cabeza y me carcomía las entrañas. No me pareció educado agredirla verbalmente por cometer tamaño error. Lo había cometido por temor a que algún rufián o pilluelo se introdujera en mi habitación, no había dolo ni mala fe en el crimen doméstico.
Esperé y esperé y tomé una pastilla y otra y otra más para no enloquecer y sucumbí a la rabia en estado puro y le escribí un correo electrónico a mi señora culpándola del incidente por no prevenir a la empleada de mi llegada y pedirle que me esperase con las puertas abiertas y el jugo recién exprimido y vomité en la pantalla de la computadora una frase injuriosa que la madre de mis hijas no merecía pero que no pude evitar en ese momento de desesperación: “Tienes la inteligencia de un cuy”. Esto fue doblemente agraviante, dado que 1) ella es una mujer muy inteligente y 2) no puedo afirmar con certeza que la inteligencia promedio de un cuy sea inferior a la mía o la suya. Podía, pues, ser un elogio, si hubiese algún estudio científico demostrando que el cuy es más inteligente que el humano promedio, pero la intención obvia de la frase no era halagarla sino humillarla y culparla de la desgraciada situación de estar en mi casa sin poder llegar a mi cama por culpa de A) el celo paranoico de la empleada rolliza que temía que un malhechor entrase a mi cuarto a robarse la computadora con mis novelas en ciernes, B) el inexplicable descuido de la susodicha empleada que se fue de vacaciones sin dejar en mi casa la llave de mi cuarto, y C) la imperdonable distracción o indiferencia de mi señora, que sabía de mi llegada a Lima aquel mediodía aciago y no se tomó el trabajo de llamar a la empleada para pedirle que suspendiera un día sus vacaciones y fuese a mi casa a esperarme con el jugo recién hecho y las puertas abiertas.
No siendo justo que culpase con más ferocidad a mi señora ex esposa que a la señorita empleada doméstica rolliza, eso mismo fue lo que hice, porque ya se sabe que el mundo es todo menos justo y que un hombre furioso, humillado, despechado, que no puede llegar a dormir a su cama, no podría ser justo aunque lo intentara. Por eso le escribí a mi señora: “Harías bien en quedarte a vivir en Nueva York”. Ella tuvo el buen tino de no responder mis agravios, tal vez por prudencia o más probablemente porque se hallaba paseando de compras y no leía mis correos vitriólicos.
Al final, tras una larga y desesperante espera, apareció la rolliza empleada, me abrió las puertas, me dejó las llaves, me dio jugos recién exprimidos, me pidió disculpas por las molestias ocasionadas y se retiró presurosa de regreso a la pollada o feria sabatina.
Cuando entré a mi cuarto y me lavé las manos y la cara y me despojé de la ropa y advertí mis pronunciadas ojeras reflejadas en el espejo, había tomado ya tantas pastillas que no sabía cuál de las muchas personas que soy era yo en ese instante: si el cínico suicida, el iracundo malvado, el perezoso genético, el candidato en campaña o el adicto a los sicotrópicos. La respuesta no tardó en llegar: abrí los frascos, tragué un número prohibido de sedantes hipnóticos (“si sigue usted tomando tantas pastillas se matará, señor Jaimito Baylys”, dicen los médicos, esos pájaros de mal agüero) y me costó trabajo caminar hasta la cama.
Tendido boca abajo, desnudo pero no descalzo, sintiendo una punzada en el hígado horadado que no resistirá muchas drogas más, pensé que la aventura de morir debía de ser bastante más divertida que la de ser presidente de cualquier país. Drogado y baboso como estaba, fui sin embargo capaz de llegar a una conclusión que me pareció simple e irrefutable: si hay alguna forma de vida después de la muerte, si hay un premio o un castigo, si hay una reencarnación según los méritos alcanzados en la vida anterior, si me voy al cielo y me encuentro con gente buena y aburrida o me voy al infierno y me reúno con gente malvada y divertida, o si una vez muerto simplemente me pudro y no hay nada de nada y dejo de ser el hablantín que soy, cualquiera de esos escenarios tiene que ser menos arduo y farragoso que el de gobernar a mi país, que viene a ser una forma de irse cinco años al infierno sin haberse muerto del todo y con la alta probabilidad de que luego te metan veinticinco años a una mazmorra dantesca sin tampoco haberte muerto del todo. Lo que más te conviene y le conviene a tu país es que te mueras después de las elecciones, pensé, y luego dormí con una idea seductora, reconfortante: ganaré las elecciones y a continuación me marcharé discretamente, dejando una nota que diga: “Mil disculpas, pero tengo la inteligencia de un cuy”.

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